domingo, 3 de marzo de 2019





“La música es tan necesaria como el aire”
                                                                       Zoltan Kodaly (1882-1967)
     Después de interpretar este pensamiento de Zoltan Kodaly, que junto a los universales pedagogos de la música: Carl Orff, Émile-Jaques Dalcroze, Edgar Willems, Maurice Martenot, y los venezolanos: Vicente Emilio Sojo, José Antonio Calcaño, Manuel Felipe Rugeles, María Luisa Peralta, Alberto Grau, entre otros, quienes defendieron y defienden  la importancia de la educación de las artes en el niño en etapa escolar; estoy más convencido de la necesidad de mantener vigente el arte en la educación, por cuanto en mi carrera como educador y músico he visto muy de cerca la transformación de un ser humano a través de la práctica de una disciplina artística.
     Hagamos un recorrido por la historia reciente de la Educación Musical en Venezuela y sus logros: En la década de los setenta, se inició  el movimiento musical de mayor importancia que se puede conocer, nacieron las Orquestas Sinfónicas Infantiles en el país, tomando como ejemplo el proyecto de Juan Martínez Herrera en Carora estado Lara, en esos mismos momentos se empezó a impartir música en las escuelas en Carora, ya en la capital se había incluido la música en la educación primaria y secundaria. El Ministerio de Educación a través de la Dirección de Planeamiento, estaba remozando y nutriendo el decreto del Presidente Raúl Leoni del año de 1966, donde se incluía de manera oficial la música en los programas de estudio de primero a sexto grado, así como en los liceos, estos proyectos han dado los frutos que nunca podíamos imaginarnos que se iban a recoger.
      Aunque la historia antigua de las artes en la educación venezolana data desde los tiempos de la colonia, al principio a nivel de sociedad, ya que en las familias de renombre los miembros de las mismas procuraban tener conocimientos de las Bellas Artes, debido a que esa práctica le daba cierto estatus, seguramente respondían a las vivencias del viejo mundo de donde procedían muchos de ellos; no es sino hasta el siglo XIX que se observa la inclusión de la música en el sistema educativo venezolano, como lo expresa el historiador Mario Milanca en su trabajo “La música venezolana de la Colonia a la República”, allí el reconocido historiador sostiene la existencia en Caracas de  varias escuelas públicas y colegios donde los planes y programas incluían la música, haciendo referencia a las siguientes instituciones: Colegio La Paz; Colegio de Roscio; Colegio de la Unión Venezolana, Colegio de la Independencia.
     En el periodo de reconstrucción del Estado Venezolano también conocido como “Tiempo Histórico de José Antonio Páez”, prevaleció lo político ante lo educativo, quitándole el apoyo que requería, esto pudiera sonar a lo que en nuestros tiempos se está observando en el sistema educativo  que tenemos, en especial en la educación artístico cultural.
     Para la segunda mitad del siglo XIX, en el gobierno de Guzmán Blanco se crean las Escuelas Normales, en las cuales se obtenía el título de Maestro, las asignaturas que cursaban estaban entre otras materias, la música, esto da a entender que el maestro egresado de estas escuelas normales estaba en la capacidad de enseñar música. Otra particularidad del sistema educativo de esos entonces era que se establecía una escuela primaria dividida en elemental y superior. En las actividades que contemplaban las escuelas elementales se observa la enseñanza de cantos escolares y la enseñanza de la canción Gloria Al Bravo Pueblo decretada Himno Nacional por el presidente Guzmán Blanco el 25 de mayo de 1881. Siguiendo con la importancia de la enseñanza de las artes en la educación venezolana, en el texto de Miguel Ángel Granado publicado en 1912 “Ejercicios Gimnásticos y Cantos Escolares”  el autor reconoce la importancia de la música en la formación del individuo a lo cual expresa:
“Los cantos escolares imprimen a la escuela tal alegría, que acostumbra a los niños a frecuentar el instituto y amar sus tareas con entusiasmo. Tienen los cantos escolares parte en toda educación: en lo físico, por cuanto educan el oído, desarrollan la voz y ensanchan los pulmones. En lo moral, por cuanto modifican las costumbres y contribuyen a inculcar en los niños el amor a las artes, y en lo intelectual, una vez que lleva a la inteligencia un caudal de ideas nobles y sabias, expresadas en los versos que se cantan y los cuales han de aprenderse de memoria, facultad que con motivo se pone también en actividad”  

     En la década de los cuarenta la música forma parte, de forma obligatoria de la escuela primaria, se hace hincapié en revisar los textos de las canciones y desterrar los cantos vulgares  que pudiera atentar con las buenas costumbres del individuo, como lo expresa la Gaceta Oficial Año LXXII-Mes XII, Caracas, miércoles 13 de septiembre de 1944 Es indispensable que todos los maestros de las Escuelas Primarias estimen en su justo valor la enorme trascendencia educativa que tiene la música. La práctica del canto en la escuela y la enseñanza de la música deben ser contempladas, no como una obligación más que le impone el Programa a los maestros, sino como un estudio fundamental digno de mayor atención (...)…El maestro debe esmerarse en desterrar los cantos vulgares y formar un repertorio de música vocal adecuada (…) La introducción del canto y la   música en las escuelas no llegará a dar resultados verdaderamente positivos desde el punto de vista educacional, mientras no se relacione constantemente la enseñanza de dicho arte con las demás materias incluidas en los Programas de Educación Primaria”
     Después de tantos “Amagues” para el año de 1966, en el gobierno de Raúl Leoni se inserta de manera oficial la música en los programas de estudio educación primaria y secundaria, además, se crea un departamento de Pedagogía Musical y otro de Supervisión Musical, ambos bajo la dirección nacional de Flor Ruffé. Para el año de 1976 en el gobierno del Dr. Rafael Caldera es creado en la escuela normal una modalidad que duraba tres años allí se otorgaba el título de “Maestro de Educación Primaria, Mención Música” o “Maestro Normalista, Mención Música”, este programa duro muy poco egresando solo cinco promociones, convirtiéndose en otro “Amague”.
     Por esos tiempos paralelamente se creó un programa destinado a alumnos que cursaban estudios de música en las escuelas de música en el país, el centro de entrenamiento era el Instituto Pedagógico Rural El MÁCARO, en el estado Aragua, para la región de Lara, Yaracuy, Portuguesa y Falcón, el coordinador del proyecto fue el Profesor Pablo Ramírez, de allí egresaron lo que a la postre vendrían a enseñar música en las escuelas primarias de la región.
     El proyecto  “La Música en los Programas de Estudios de Primaria y Secundaria”, se trataba de formar a un público a través de los alumnos de primaria en apreciación musical, solo que en el camino se distorsionó, los directores de las escuelas lo administraron muy mal, utilizando a los nuevos docentes en las artes auditivas como cuidadores de aulas; la idea inicial era que los maestros de música formarían tanto al alumnos como  al docente de aulas en el área musical, que los maestros reafirmaran los conocimientos adquiridos en las horas que al maestro de música no le correspondía; las lecciones recorrían las diferentes áreas de la música(Canto, Timbre, Forma, y Lenguaje Musical), de tal manera que el alumno y el maestro de aula se nutrieran de los conocimientos musicales.
     El objetivos eran que aprendieran y cantaran de forma correcta las canciones y rondas del repertorio infantil venezolano, contribuir a la  interpretación de los himnos sin deformarlos, valiéndonos  de herramientas tales como: discos y cancioneros que el Ministerio de Educación había dotado, se  enseñaban  los elementos de la música: Melodía, Armonía y Ritmo,  se realizaban ejercicios de discriminación del sonido, las notas musicales, las claves, características de la grandes y pequeñas formas musicales, estructura de la ópera, el concierto, la sonata, preparar a un público crítico para las artes auditivas, que a la hora de asistir a conciertos, pudieran comentarlo y discutirlo con sus hijos y allegados. Al niño que se estaba formando se le entregaban los conocimientos necesarios para estar consciente de los que estaba ocurriendo en la sala de un teatro.
     La ciudad de Carora no se quedaría atrás en cuanto a educación musical se refiere, los Maestros Especialistas de Música Caroreños para esos entonces egresados de tan innovador programa fueron: Salvador Meléndez (Grupo Escolar Ramón Pompilio Oropeza), Arsenio Colombo (Ciclo Básico Común Carora, hoy Liceo Julio S. Álvarez), Teodosio Indave (Esc. José Herrera) la siguiente promoción egresaron: Edgar Gómez (El Chivita) (Esc. Mons. Salvador Montes de Oca de la Pastora), Ramón Mosquera (Esc. Morere), Edward Armando Oropeza(Esc. Priscilo Veliz),  Elda de Valera ( Esc. Juan Bautista Franco), en el año 1977 fue la última promoción, de allí egresaron: José Gregorio Carmona Riera (Esc. Dr. Ezequiel Contreras), Pastor Páez ( Esc. Pedro León Torres) Julio Cesar Carrasco (Esc. Mons. Salvador Montes de Oca de la Pastora) en sustitución de Edgar Gómez quien pasó a la Esc. Carora. 
     La formación de los maestros especialistas de música fue muy seria, se escogían celosamente a quienes tendrían la responsabilidad de impartir clases de música en las escuelas, se nos evaluaba rigurosamente los conocimientos que traíamos de las instituciones donde nos habíamos formado: conservatorios y escuelas de música, haciendo hincapié en la pedagogía, nos enseñaban estrategias metodológicas a través de juegos basados en los métodos Dalcroze, Orff, y Kodaly. El equipo que impartía los conocimientos era multidisciplinario especialistas de canto, lenguaje musical, pedagogía de la enseñanza de la música en edad escolar, recibí clases  con el director del conjunto los tucusitos Moisés Peña, un maestro de sexto grado que logró conformar un conjunto de niños cantando aguinaldos, por los años de 1960, su experiencia sirvió a la hora de enseñar canciones a grupos corales a una y dos voces.
     En los años siguientes llegaron al magisterio torrense otros profesionales de la música, aunque no hicieron estudios de educación musical, se habían formado en la Orquesta Sinfónica, Orfeones y academias privadas, entre ellos: Edgar Túa, (Esc. Raymundo Pernalete) Luis Chirinos (NER 195), Elvis Rojas (Esc.  Juan José Bracho en Burere), Carlos Mora (Esc. Largio Giménez, en Aregue), luego fueron llegando otros artistas a formar nuestra juventud en cuanto a: Teatro, Danza Folclórica, Artes Plásticas.
     La Educación Musical en las escuelas se refería a la apreciación de las artes auditivas, entrenar al alumno en cuatro sub áreas de la música: Canto, Timbre, Lenguaje Musical y Forma. En el área del Canto, se enseñaba las Técnicas Básicas de Canto, respiración y dicción; Timbre, a identificar los sonidos de la voz humana e instrumentos, un entrenamiento auditivo; Lenguaje Musical, la simbología que se utiliza para escribir e interpretar la música; Forma, estaba dividida en grandes y pequeñas formas musicales, se trataba de la estructura de una obra musical, como estaba construida una canción, un himno, para las pequeñas formas; las grandes se referían a sinfonías, conciertos, sonatas, operas entre otras. Habían tres grandes actos donde se ponía en práctica lo aprendido por los alumnos durante todo el año: El Festival de la Voz Escolar,  Festival Nacional Liceísta, y el Festival Nacional Cantaclaro.
     Las buenas ideas seguían apareciendo, ahora se trataba de los Estudios Básicos de Música en el año 1991, esta vez en un interesante convenio entre el CONAC y el Ministerio de Educación, en dicho convenio se sustituiría educación para el trabajo por música en las etapas de cuarto a noveno grado de las escuelas básicas, pudiendo en media y diversificada egresar un Bachiller Mención Música, luego se adhirieron Teatro, Danza y Artes plásticas, éste convenio lo realizó la Escuela de Música “Juancho Querales” en Carora  con las Escuelas Básicas Pedro León Torres y Escuela Dr. Ezequiel Contreras, lastimosamente duro poco, “Otro Amague Más”.
     Para quienes tuvimos la oportunidad de enseñar música en las escuelas y liceos fue un aprendizaje profundo, por lo menos en mi caso, aprendí a querer la profesión de enseñar, conocimientos que me sirvieron de mucho cuando empecé en la dirección coral, las metodologías de la enseñanza de la música en niños en etapa escolar me dieron resultados de muchas satisfacciones, por lo que recomiendo no temer en enseñar a los niños, ellos están ávidos de aprender, y si tienes las herramientas y la pedagogía, listo, todo resuelto, el cuidado que hay que tener es no negarnos a aprender con ellos, cuando eso sucede nos ponemos techos y se convierte en un martirio lo que debería ser un disfrute y un goce.
     Los maestros de música de la década de los setenta éramos un gremio muy sólido, a pesar que competíamos en los festivales que realizábamos, puedo dar fe de la camaradería que existía entre nosotros, nos representaba el Profesor Manuel Arévalo quien se desempañaba como una especie de coordinador, esto sucedía en los festivales. Recuerdo que durante los ensayos Julio Cesar Carrasco y Teodosio Indave tenían una habilidad de cambiarles las letras a las canciones, lo cual trajo algunos inconvenientes, en uno de esos festivales en los años ochenta estaba mandando el Presidente Luis Herrera Campin habían problemas con sobre precios en los alimentos, uno de los participantes interpretaría Alcaraván Compañero de Reinaldo Armas, Julio Cesar Carrasco tocaba el Arpa y dirigía los ensayos, se le ocurrió llamar al niño y dijo: “ el que sigue, el que va a cantar  Acabaran con nosotros” Teodosio en el acto terminó la frase “Acabarán con nosotros si el gobierno copeyano no baja la comida”, fue tanto el chalequeo que en pleno festival cuando al Profesor Manuel Arévalo que además de coordinador era el locutor, llamó con su voz bien timbrada: “Ahora de Reinaldo Armas la canción Acabarán con nosotros, perdón Alcaraván Compañero”, no podíamos seguir con la actividad de la risa que nos dio.
     Otra anécdota fue con Freddy Chami del Colegio Cristo Rey, el cantaba un polo que comenzaba con la frase.” Se soltaron las Amarras, y entre Julio Cesar Carrasco y los demás músicos le cambiaron el texto por “Se soltaron las Marranas” pues el muchacho en plena actuación equivocó la letra, así paso con la letra de la pena del becerrero de Simón Díaz donde dice  “(…) y se enreda con las trancas y se le salen los otros”, le cambiaron por “(…) y se enreda con las trancas y se le salen los mocos”.
     Los festivales estaban llenos de talento tanto los cantantes como los músicos del conjunto de planta, estaba integrado por: Julio Cesar Carrasco en el arpa, Pastor Páez en el cuatro, se reforzaba en el bajo con Carlos Mendoza, ya que ninguno de los demás maestros de música tocábamos bajo ni maracas; se daba tremendo espectáculo musical en el mes de julio, los escenarios donde se realizaba El Festival de la voz Escolar se ponían a reventar. De esta actividad salieron cantantes que hoy hacen vida artística, entre ellos: Yurbi y José Gregorio Gómez, José Gregorio Rodríguez,  Ovelio Lameda (El Caballón) entre otros.   
     Nos  gustaba lo que hacíamos,  llegamos a fundar una banda que la llamábamos “Banda Magisterial” la dirigía el Maestro Salvador Meléndez, tocábamos los arreglos que el hacía para la orquesta, tocamos arreglos de otros músicos como Edgar Gómez y el Profesor Pérez Zavarce. Llegamos a tener una muy buena sonoridad, estábamos integrados de la siguiente manera: Flauta, Teodosio Indave y Salvador Meléndez que además era el director; Saxofones Altos, José Gregorio Carmona y Ramón Mosquera; Saxofón Tenor, Edward Armando Oropeza; Trompeta, Edgar Gómez “El Chivita”, en la percusión, Pastor Páez en el redoblante y en el bombo Julio Cesar Carrasco.
En conclusión, a pesar de todos los tropiezos a la hora de implementar este proyecto, pudo contribuir al despertar artístico de muchos de nuestros niños, desde los mismos inicios de la puesta en práctica de la inclusión de la música en los programas de estudio de la escuela primaria, lo cual ha servido como medio para apartarlos de las drogas y rescatar otros que yacían en ella.
     Los planificadores de las patrias nuevas y viejas, a través de los años han determinado que la educación y la salud son la prioridad. Dentro de la educación se establece que las artes es el camino para la formación de manera integral de un individuo, sin embargo vemos que en la práctica esto no se corresponde a la realidad, siguen convirtiéndolas en cenicientas, las materias relacionadas con artes están a lo último del pensum de estudios, como de relleno, sabemos que la cultura es la vía para emerger del abismo.
     La educación de las artes en la educación venezolana, a pesar de la filosofía que implícitamente representa la formación integral del individuo, es de por sí una herramienta de gran valor, desde sus inicios ha sido como puedo definir “Puros Amagues”, “Nada de lanzar la bola de una sola vez” “Un Paso para adelante y dos para atrás” “Estira y Encoje”; amoldándose a conveniencia de intereses personales.

REFERENCIAS:
Milanca Guzmán, M. (1993). La música venezolana. De la Colonia a la República. Caracas: Monte Ávila Latinoamericana, C.A.
Granado, M.A. (1912). Ejercicios gimnásticos y Cantos escolares. Caracas. L. Puig Ros Editor.
Gaceta Oficial Año LXXII-Mes XII, Caracas, miércoles 13 de septiembre de 1944
Estudios Básicos de Música, República de Venezuela, Ministerio de Educación, Caracas, 1992, pp. 3-12.
Revista de Pedagogía, Vol. 30, Nº 87 Inclusión de la música en los planes y programas de estudio en las Escuelas Venezolanas.